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Y con Modric llegó el cambio

Con el gol en contra y el Manchester bien replegado sobre sus dos líneas de cuatro, el Madrid no encontraba agujeros con su juego de toque romo y pesado. Estaba ante esa clase de partidos que se le atragantan cuando el contrario le entrega la pelota y le cede el gobierno del partido. No le concedía contras el United y no acertaba a desmadejar el entramado planteado por Ferguson. Para entonces, con escasa repercusión en el juego, Kaká ya había sustituido al lesionado Di María y había desplazado a Özil a la derecha. No se encontraban cómodos ningunos de los jugadores de Mourinho destinados a llevar el peso ofensivo. Hasta que Nani fue expulsado y el técnico luso reaccionó dando entrada a Modric.

La expulsión del extremo portugués, muy protestada por todo el United, con Ferguson a a la cabeza, tuvo un efecto inmediato en el cadenaje del partido. Mourinho sustituyó a Arbeloa, el encargado de tapar al recien expulsado, para dar entrada a Modric, que cambió la dinámica de su equipo con la pelota. Mourinho siempre ha aireado que, en situaciones de emergencia, no teme darle un lavado de cara a sus planteamientos y apostar por un once más ofensivo si ve peligrar un objetivo. Retrasó a Khedira al lateral derecho y puso a Modric a jugar unos metros por delante de Xabi Alonso.

Esa apuesta del técnico madridista para ganar el centro del campo desde una posesión más intencionada respondió a que el Madrid en esos momentos estaba eliminado, pero tenía por delante más de media hora para tratar de levantar la eliminatoria. El impacto de Modric fue, antes que nada, jerárquico. Ni Kaká, ni Özil habían logrado gobernar el duelo y fue el menudo croata el que se puso al mando en el centro de operaciones del ataque madridista. Tuvo personalidad para pedir la pelota y para intentar pases más afilados que los que hasta ese momento habían dado los creativos que estaban en el campo. En los 37 minutos que disputó, Modric acabó con 35 pases buenos sobre un total de 37, nueve más que Kaká, que estaba en el campo desde el minuto 38 por la lesión de Di María. También arriesgó en el uno contra uno, cuatro regates buenos de cinco intentados. Le dio fluidez e intención a las circulaciones de su equipo. “Luka ha cambiado el partido porque nos ha dado dinámica y creación”, admitió Mourinho sobre la influencia de un futbolista que hasta ahora no ha justificado su precio de mercado, cerca 40 millones de euros.

Con el United metido en su área, Modric organizó el juego ofensivo de su equipo desde unos pocos metros más allá de la media luna. El recule local le permitió recibir sin marca alguna desde esa posición. No se ha visto al mejor Modric, pero la calidad le da para hacer daño si le dejan pensar y recibir con comodidad. Su gol gestó en esas condiciones. Recibió cerca de la frontal del área con tiempo para controlar e ir armando la pierna mientras ganaba espacio escorándose hacia la derecha. Sacó un disparo seco, a media altura, que entró tras superar la estirada de De Gea y pegar en el palo.

Necesitaba Modric un partido como el de anoche. Un escenario histórico, un rival con linaje en la Copa de Europa y una cita trascendental. En lo que va de curso, no había terminado de encontrarse a gusto en la propuesta de Mourinho, ni jugando al lado de un mediocentro ni por delante de ellos. Había enseñado grandes detalles, como su toque de balón con todas las superficies, pero en 21 partidos de Liga siete de Liga de Campeones no había firmado un partido como el de Old Trafford.

En el último clásico de Liga ya contribuyó al triunfo del Madrid al botar desde la izquierda el córner que Ramos mandó a la red con un certero cabezazo. Pero nada como lo anoche, donde logró cambiar el partido porque su entrenador, acuciado por el resultado, apostó por meter a un jugador de toque y manejo sin quitar a otro.

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