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Un año más de Aguirre

Desde que llegó a España, Javier Aguirre ha renovado con Osasuna y Atlético año a año, una fórmula exigida por el técnico —al igual que hizo después Pep Guardiola en el Barça— porque considera que no debe comprometer el futuro inmediato de la entidad deportiva y porque entiende que darle a la pausa le sirve para reflexionar sobre la viabilidad de unión, esfuerzo y solidaridad del vestuario, punto capital en su librillo. “Si queréis, trataremos la renovación cuando el equipo se salve”, solicitó Aguirre en diciembre al área deportiva del Espanyol, que dio el visto bueno porque salvación le sonó a gloria, toda vez que cuando cogió el equipo estaba último en la tabla, con nueve puntos en 13 encuentros. Pasados los meses y a punto de celebrarse la clausura de la Liga, Aguirre firmó ayer su extensión de contrato con el Espanyol. Por un año, claro. Pero ha costado horrores cerrar el acuerdo.

A mediados de marzo, con el equipo enderezado, la dirección deportiva del Espanyol configuró un amplio informe sobre la gestión de Aguirre al frente del Espanyol, entregado al presidente Joan Collet —que ha llevado personalmente las negociaciones— y al consejero responsable del área deportiva, Iñaki Pérez de Arrilucea. “Hay que renovarlo”, ponía a las claras, por más que en algún aspecto se indicara literalmente que debía mejorar. “Era un documento donde se valoraba a nivel deportivo y humano al técnico, un resumen de lo más positivo y rotundo a favor de la continuidad de Aguirre”, revelan desde el club.

Pero la cúpula directiva demoró la respuesta porque una parte minoritaria quería a un entrenador más mediático —de hecho salieron nombres filtrados por el club, como Marcelino— y, sobre todo, porque los máximos accionistas (los expresidentes Daniel Sánchez Llibre y Ramon Condal) anunciaron que no darían euro alguno, puesto que pretenden recuperar parte del dinero invertido en temporadas anteriores. “A nosotros no nos pidieron en ningún momento que buscáramos otro técnico, aunque siempre hayamos trabajado esa posibilidad por si al final se rompía el asunto”, aseguran desde el área deportiva. “Y entonces, le ofrecieron al entrenador un contrato a la baja, demasiado a la baja”, explican desde el entorno de Aguirre; “y lo mismo ocurría con sus dos ayudantes, el segundo, Alfredo Tena, y el preparador físico, Juan Iribarren, que conforman el equipo de Aguirre”. El representante de El Vasco tardó apenas unas horas en responder, en rechazar la oferta. “Pero hizo una contraoferta”, mantienen desde el club. Una propuesta que no disgustó en demasía al Espanyol.

Después de tres encuentros —uno en las oficinas del presidente Collet en el club y dos más en restaurantes— Espanyol y entrenador cerraron el aspecto económico, similar a lo que cobra en la actualidad. “Pero no llegamos a un entendimiento en el proyecto deportivo”, deslizó hace unos días el entrenador, sucesivamente cuestionado porque desde hacía dos semanas se daba por descontada la renovación. ¿Qué ocurre?, se cuestionó la afición, un tanto intranquila. No era que no supiera las tres nuevas incorporaciones —la oficial de Lanzarote (Sabadell) y las supuestas de Riki (Deportivo) y Abraham (Alcorcón)—, sino que conocía de primera mano que el club había advertido que tenía menos seis millones para fichar [menos 10 con los tres fichajes mencionados], todo un descalabro para la sostenibilidad del grupo en Primera. “Moreno y Verdú”, señaló Aguirre como piezas capitales. “A Héctor no lo queremos vender y nos encantaría seguir con Joan”, admiten desde el club. Prometido el esfuerzo por mantener las piezas que vertebran al equipo, Aguirre dio finalmente el visto bueno a la operación. Y seguirá un año más.

Periodista deportivo

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