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Fútbol

“¡Teníamos juerga todos los días!”

El Madrid regresa mañana a Old Trafford, escenario de uno de los grandes partidos de su historia. Ese 19 de abril de 2000, el equipo que dirigía Vicente del Bosque eliminó en cuartos de final al vigente campeón, dejando fuera de la Champions a la última gran generación de jugadores británicos salidos en conjunto de una cantera inglesa. Fue la noche del taconazo-caño de Fernando Redondo, la noche de los goles de Raúl, y la noche de una defensa improvisada que aguantó la ventaja con una solidez asombrosa allanando el camino hacia la octava Copa de Europa madridista. Uno de los hérores casi anónimos de aquella zaga fue Iván Campo (San Sebastián, 1974).

Pregunta. ¿Cómo fue la semana previa al partido?

Respuesta. ¡Madre mía! Estábamos pasando un mal momento porque en la Liga los resultados no nos ayudaban. Y se nos presentó la ocasión de ir a Old Trafford. Lo bueno era que nosotros teníamos un vestuario maravilloso. Aquel triunfo fue el triunfo del vestuario. Si no tienes un buen vestuario es complicado conseguir grandes cosas. La semana anterior fue dura porque había mucha incertidumbre. Veníamos de ganar en Zaragoza (0-1) con un gol de Raúl de penalti. La prensa nos castigó bastante. Y luego salió un partido maravilloso. Llegamos a ir ganando 0-3 y luego terminamos 2-3.

P. Todo el mundo lo recuerda como el partido del taconazo de Redondo. ¿Qué es lo que más recuerda usted?

R. Yo me quedo con la imagen de Old Trafford. Con la afición inglesa animando al equipo con un 0-3 en contra.

P. ¿Hubo juerga para celebrarlo en la madrugada de Madrid?

R. En ese vestuario teníamos juerga todos los días. Daba igual que ganaras o que no. El grupo era buenísimo y la celebración era continua. Lo pasábamos muy bien. Cuando acabábamos de entrenar nos íbamos de cañas juntos. Estábamos muy unidos.

P. ¿Qué es un vestuario unido?

R. Es el buen rollo, el respeto, la ayuda a los compañeros, el respaldo desde el banquillo, el hacer una cena, o divertirte en un rondo... Cuando acabábamos los entrenamientos íbamos al pabellón de baloncesto, que estaba dentro de la vieja Ciudad Deportiva: el que llegaba último pagaba la cerveza de los demás. La cafetería estaba en las instalaciones donde se entrenaba el equipo de baloncesto: Herreros, Angulo… Quedábamos con ellos. Había muy buena amistad. Nos reconfortábamos mutuamente. Así se fue consolidando un grupo fantástico.

P. ¿Redondo pagaba siempre las cervezas?

R. Él tenía un don especial para salir el último y nosotros lo dábamos por imposible. Fernandito tenía el privilegio de decir: ‘Mira, yo tengo que hacer mi gimnasio, mi recuperación…’. Era una persona muy tranquila. Así que él estaba perdonado, por eso y más.

P. ¿Cómo organizó el partido Del Bosque?

R. Él transmitía mucho sosiego y no te creaba ningún problema. Sus charlas eran comedidas: te explicaba las fuerzas y las debilidades del rival, y te decía lo que era conveniente hacer. Pero no te decía: ‘Vamos a jugar así, y el lateral tiene que hacer esto, y el centrocampista lo otro…’. Nosotros ya sabíamos lo que teníamos que hacer. A veces no hace falta decir mucho. Recuerdo haber estado muy pendiente de los dos delanteros, Andy Cole y Dwight Yorke, de los centros de Beckham, de intentar no hacer faltas cerca de nuestra área, de las llegadas de Scholes y Giggs, del juego aéreo de los centrales. Pudo salir fatal. Pero nos salió bien.

P. ¿No recuerda algunas palabras de Del Bosque?

R. Nos quedamos con la idea de que si quieríamos pasar la eliminatoria ya sabíamos lo que había que hacer. Y para hacerlo bien teníamos que disfrutar. Nada más salir al campo vimos aquello, ese estadio... y dijimos: “¡Chicos, esto es para disfrutar! ¡Hay que pasarlo bien!”.

P. ¿Cuál es el mayor cambio que ha habido en el Manchester en estos 12 años?

R. A finales de los noventa Alex Ferguson tuvo la fortuna de encontrarse con una muy buena generación en la cantera. Ahora fichan más jugadores de renombre. Más extranjeros. Solo mantienen el esquema: 4-4-2. El estilo es muy parecido. Por lo demás, es otra filosofía.

P. ¿Éste Madrid se parece en algo al suyo?

R. Son estilos diferentes, jugadores diferentes, personalidades diferentes, entrenadores muy diferentes… Este es el equipo de Mourinho: su forma de juego y su personalidad. Nosotros teníamos mucha más tranquilidad con Del Bosque. Él nos daba tranquilidad. Ahora hay demasiado ruido. A mí dame un Vicente y no quiero otra cosa. No hay nada que decir de Vicente: los hechos están ahí. Le bastaban cinco palabras amables para dejarlo todo claro. Las broncas desde la banda no eran lo suyo. A veces los jugadores lo entendemos todo con cinco palabras y otras cosas no queremos entenderlas.

P. ¿Ahora el carácter al equipo se lo da el entrenador y antes se lo daban principalmente los jugadores?

R. Probablemente sí.

P. ¿La diferencia de estilo entre su Madrid y el actual la determina la velocidad de las transiciones?

R. En el 2000 estaban Savio, Roberto Carlos, Morientes… A lo mejor no había nombres tan poderosos como ahora pero había jugadores que marcaban la diferencia y eso es lo importante. Le dejábamos toda la banda izquierda a Roberto Carlos y a la hora de jugar los que canalizaban el juego eran Redondo y Raúl. Un poquito más al toque, sin tanto balón para jugadores como Cristiano que pueden romper en velocidad. Ahora no necesitan dar tantos toques para hacerte una ocasión de gol: salen tres o cuatro en velocidad y ya está. Yo me quedo con mi equipo porque nos lo pasamos bien y me hicieron ganar títulos.

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