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Fútbol

Real Oviedo 2-2 Real Zaragoza: Juan Carlos evita una remontada épica del Zaragoza

El Real Zaragoza deja escapar vivo al Real Oviedo después de que los locales se pusieran 2-0 y de que solo Juan Carlos pudiera frenar a los de Natxo González en una segunda parte para recordar

El Zaragoza demostró personalidad y no se acobardó ante el Carlos Tartiere. Foto: @juanjocastro


LaLiga 1|2|3 -Jornada 7

Real Oviedo2
Real Zaragoza2
Ficha técnica
Real Oviedo: Juan Carlos; Cotugno, Verdés, Carlos Hernández, Christian Fernández; Forlín, Folch; Pucko (Rocha min. 69), Aarón (Mossa min. 74), Saúl Berjón (Owusu min. 61); y Toché.

Real Zaragoza: C. Álvarez; Delmás, Mikel G., Verdasca, Ángel; Zapater, Eguaras; Febas (Alain min. 85), Buff (Guti min. 78), Toquero (Papu min. 69); y Borja Iglesias.

Goles: 1-0; Aarón (min. 5), 2-0; Toché (min. 28), 2-1; Mikel González (min. 30), 2-2; Zapater (min. 38).

Árbitro: Juan Luis Pulido Santana (Comité territorial de Las Palmas de Gran Canaria). Amonestó a Christian Fernández (min. 27), Forlín (min. 62) y Rocha (min. 80) por parte del Oviedo, y a Verdasca (min. 9) por parte del Real Zaragoza.

Incidencias: Partido correspondiente a la séptima jornada de La Liga 1|2|3 disputado en el Carlos Tartiere ante unos 12.000 espectadores.
Perder 2-0 en el minuto 28 y que te sepa a poco el empate. Esta es la sensación con la que el Real Zaragoza se marcha del Carlos Tartiere tras darle la vuelta al marcador en el final de la primera parte y hacer una memorable segunda mitad. Y lo es porque Juan Carlos se erigió como héroe carbayón para mantener un punto en los bolsillos del Real Oviedo. Los zaragocistas pecaron de perdonar demasiado y no se pudieron llevar a la Romareda los puntos que merecían. 

Juan Antonio Anquela movía ligeramente su equipo tras la derrota en el Carlos Belmonte. Forlín reforzaba el centro del campo y Pucko daba refresco en la banda derecha. Por su parte, Natxo González apenas retocaba el equipo con la entrada de Delmás en lugar del lesionado Alberto Benito, una vez que Competición hacía justicia ante la inexistente expulsión de Borja Iglesias. 

El partido arrancaba con dos jugadas idénticas, una en cada bando, con detalles que comenzaron a desnivelar la balanza. A los dos minutos, Zapater lanzaba una bella falta desde la frontal que hacía lucirse a Juan Carlos para evitar el primer tanto después. Un minuto después, Aarón Ñíguez disponía de una falta idéntica que lanzaba a la escuadra ante la estirada de Cristian. Dos faltas exactas, una la detuvo el portero, otra entró en la escuadra. Son esos detalles que marcan la diferencia en Segunda División. 

Este tempranero gol dejó tocado al Zaragoza, que quería mantener su seña de identidad con balón. Dos sustos pusieron en aviso a los aragoneses. Primero, a Cristian se le escaparía el balón y, con la punta de los dedos, le arrebataría el balón de la bota a Toché. Los hoy tomates se desgranaban en un centro del campo al que Natxo debe seguir buscando la tecla. Las internadas de Aarón eran mortales para el engranaje maño. Poco después, un remate de Toché a la salida de un córner golpea en el palo y Cristian se encuentra con el balón cuando ya se cantaba el 2-0. Un segundo tanto que no tardaría en llegar. El arquero argentino volaría para evitar un autogol de Delmás, Verdasca intentaría ceder atrás a donde no llegaba Cristian, y Toché estaba listo para empujar el esférico a la red

El Zaragoza estaba noqueado y en cualquier otro momento se hubiera vislumbrado una victoria clara, incluso goleada del Oviedo. Pero este Zaragoza de Natxo González tiene garra, fe, personalidad y, sobre todo, fútbol. Con las tres primeras, la cuarta llegaría después, el cuadro zaragocista respondió al tanto con una gran volea de Mikel González que se cuela en la portería de Juan Carlos. Poco después, Zapater se desquitaría de la gran intervención de portero carbayón en su primer lanzamiento con otra falta directa a la escuadra a la que nada pudo hacer el meta oviedista. Así, a base de garra, fe y personalidad, el Zaragoza le había dado la vuelta al partido sin que el Oviedo pudiera parar el arreón de furia aragonesa. 

Y tras el descanso, llegó el fútbol. Con un partido totalmente nuevo, los de Natxo González salieron decididos a fabricar la victoria a través del balón y la posesión. Zapater y Eguaras se ajustaron para frenar a Aarón y se agigantaron para recuperar cualquier balón que pasaba por su zona. A su vez, Febas emergió como el foro de todos los ataques maños. Avisaría pronto el equipo tomate con un remate de Borja, a la salida de un córner, que se paseó por área pequeña. Sería un aviso de lo que pasaría después, el gallego consigue zafarse de Carlos Hernández para quedarse solo ante Juan Carlos, pero, con el balón demasiado atrás para disparar con efectividad, el meta local le ganó la partida. Tampoco tendría suerte apenas cinco minutos después con una internada de Ángel, que se queda mano a mano tras una larguísima jugada de combinación, que no ajusta bien ante el portero. 

Anquela veía que su equipo estaba desdibujado, perdido en el campo y a merced de los aragoneses, por lo que reforzó el centro del campo con Mossa y Rocha. Así, los locales consiguieron frenar el juego de un Zaragoza al que le comenzaron a pesar las piernas. No hay que dejar de lado el esfuerzo mental de igualar un 2-0. Aun así, el Oviedo apenas lograría volver a crear peligro más allá de balones colgados al área que recordaban al gol del Lugo en el 92 de hace dos semanas. Esta vez, el Zaragoza se guardaba dos balas para el final. Ya en el 87, Ángel repite la internada de minutos antes, esta vez si se decide por centrar, pero Papu no llega por milímetros a empujar un merecido 2-3. Ya en el descuento, el georgiano serviría el balón a Borja que, tras controlar con el pecho en área pequeña, su disparo se marcha al fondo del Carlos Tartiere. 

Al final, un empate a dos que sabe mejor al que más cerca tuvo la victoria y que pudo llevarse un duro traspiés en su andar por la Segunda División.



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