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Fútbol

Transformado por la rodilla

Cuando Rafael Nadal entra anoche en el mítico Madison Square Garden de Nueva York para jugar una exhibición que le prepare de cara al masters 1000 de Indian Wells (desde el miércoles, será su primer torneo en cemento en un año), Toni Nadal, su tío y técnico, ya ha recordado una conversación mantenida durante los siete meses de baja por lesión del campeón de 11 grandes.

—Dice Mats Wilander que Rafael difícilmente tendrá el nivel de antes de la lesión, escucha Toni de boca de un periodista.

—Espero que se equivoque, contesta el entrenador, que siempre admiró al excampeón sueco. Si el cuerpo le responde, la lógica me lleva a pensar que Rafael mantendrá el nivel de antes.

Sin embargo, cuando el sábado o el domingo Nadal debute en Indian Wells impulsado por su estupenda victoria sobre la tierra de Acapulco (6-0 y 6-2 a David Ferrer, el número cuatro), lo hará con una versión más afilada de la que le llevó a la cima. Tiros decisivos. Decisiones como tiros. Eso es lo que ven Nicolás Almagro y Ferrer ante Nadal en sus pulsos mexicanos. El mallorquín dispara y no pregunta. Pega sin entrar en diálogos. Él, que siempre ha dominado desde el ritmo y la consistencia, combate sin guantes, transformado por los dolores en la rodilla.

“Rafael ha sacado bastante bien durante la gira de arcilla”, comenta Toni. “Por la situación que ha vivido, sabe que así desgasta menos las rodillas y eso mentalmente le ayudará a sacar mejor: no le quedará más remedio”, continúa. “Él, ya se vio ante Ferrer y Almagro, definitivamente juega bastante más agresivo”, añade. “A ver si vamos por este camino. No nos queda más remedio. La concepción tiene que cambiar. El hecho de haber estado en Chile y São Paulo (los dos primeros torneos tras su lesión), con problemas de rodilla y menos movilidad ha hecho que vaya adaptando el juego a no confiar tanto en las piernas. Al encontrarse en esa situación ante Almagro y Ferrer sabía que tenía que ser agresivo y lo fue”, cuenta. “Rafael lo ha ido haciendo en distintas ocasiones. Cuando basta con correr, corre; cuando tiene la necesidad, se aplica a jugársela más y a sacar mejor. Esto ha venido haciendo durante mucho tiempo”.

Esa capacidad de decisión, reflejada en una transformación en el orden de preferencias —tirar antes que defender; arriesgar antes que jugar a ritmo siempre; apostar por un saque contundente antes que por uno que simplemente controle el inicio de la jugada—, pasa ahora el examen de la pista rápida. Nadal no levanta un trofeo en esas circunstancias desde el otoño de 2010 (Tokio). No disputa un duelo sobre cemento desde que decidió no presentarse a las semifinales de Miami 2012, precisamente porque le dolía la rodilla izquierda. Sabe que en esas canchas le dan más problemas más tenistas y necesita su mejor versión frente a los que ocupan la azotea del tenis.

“En el primer torneo de pista rápida no será fácil, claro”, admite Toni. “Este año es una incógnita. Llevamos muchos meses sin jugar. Sale cualquiera y cualquiera te da más fácil la sorpresa”, prosigue. “Sé de la dificultad. Rafael ha ganado en la superficie que se le adapta mejor. En cemento, veremos”.

Antes de todo eso, Nadal subió a un avión y llegó a Nueva York, la ciudad en la que vivió su momento más glorioso, porque allí, en 2010, completó el Grand Slam, la conquista de los cuatro grandes, al tumbar a Djokovic en la final del Abierto de EEUU. Entre los flashes, Nadal se abrazó ayer a Serena Williams, sonrió a Victoria Azarenka y miró a los ojos de Juan Martín del Potro, su rival en el circuito y la exhibición. El argentino fue mucho más que el contrario de un amistoso en el que Tito Vilanova, entrenador del Barça, estuvo presente. Fue la primera piedra de toque. La primera muesca en un año sobre cemento. El primer paso hacia la reincorporación completa al circuito: “Tengo que hacer caso a mi corazón”, razonó Nadal; “y éste me dice que tengo que seguir compitiendo, que necesito ir al siguiente torneo”.

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