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Fútbol

Nadal reclama su sitio

Rafael Nadal esconde su rostro bajo una toalla. Acaba de apabullar 6-0 y 6-2 a David Ferrer, el número cuatro, para conquistar el torneo 500 de Acapulco. Acaba de moverse con la soltura de la pantera que sale de caza, eléctrico, potente, afilado en los gestos y las decisiones. Acaba de tumbar a su primer rival del top-10 tras pasar siete meses sin jugar por una rotura parcial del ligamento rotuliano y una hoffitis en la rodilla izquierda. Quedan muchas cosas por ver (a Nadal contra Federer, Djokovic y Murray; a Nadal en los cinco sets de los grandes; a Nadal sobre cemento), pero ya se han visto algunas importantes: a Nadal yendo de menos a más en los tres torneos que ha disputado tras siete meses alejado de las pistas (dos títulos y una final); a Nadal con la ambición de mejora de siempre; a Nadal listo para dar un paso adelante y encarar la gira primaveral de arcilla en una posición mucho mejor de la que podría haber previsto cuando volvió a las pistas.

Es Ferrer contra un pistolero, Ferrer con una pistola sin munición durante 65 minutos sobre el albero. “Tengo que jugar muy agresivo, porque si no él me va a dominar y será imposible y más como estoy”, razona antes de la final el mallorquín. “Debo jugar más agresivo a como lo hago habitualmente”, insiste el campeón de 11 grandes, haciéndose el ciego al balance de los duelos particulares con el que llega al duelo (16-4), matizándolo todo en función de sus dolores de rodilla, avisando de que es el número cuatro el favorito, de que él ya es ‘solo’ el cinco, de que la púrpura la viste Ferru.

Nadal, sin embargo, compite con la lección bien aprendida. Se planta sobre la línea de fondo y ahoga al alicantino desde el primer juego. Tira, pega, muerde en cuanto puede. Sus derechas llevan los kilos de los puñetazos de un peso pesado; sus reveses tienen el filo veloz y cortante de los golpes de un peso pluma. La distancia entre los dos finalistas queda rápidamente establecida en función de la raqueta y la cabeza. Cuando se extienden los intercambios, Nadal pega un puñetazo en la mesa: resuelve con un ganador, limpia las líneas, desarbola al número cuatro con un manotazo. Cuando Ferrer intenta igualar su apuesta, decidir desde la inspiración, se encuentra con la valla y los fallos. Acaba desbordado. Como dice él mismo en la entrega de trofeos: “Me ha fulminado”.

El mallorquín ofrecerá la semana que viene una exhibición con el argentino Juan Martín del Potro sobre cemento en el mítico cemento neoyorquino del Madison Square Garden. Atacará después la siguiente fase de su plan de reincorporación progresiva a la competición en la gira estadounidense de cemento, que incluye los masters 1000 de Indian Wells y Miami. Antes, disfruta de un triunfo con sabor a reivindicación. Dan igual los siete meses de baja. No importan las horas de sufrimiento, los días de sinsabores, las penas desgranadas en silencio. Lo dice el resultado, lo cuenta Ferrer, uno de los mejores especialistas del planeta (10 títulos sobre arcilla): Nadal ya puede decir que su sitio sigue estando entre los mejores sobre tierra.

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