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Las manchas que no se quitan

La camiseta del Barça llevará publicidad comercial la próxima temporada. El logotipo de la compañía aérea Qatar Airways sustituirá al de Qatar Foundation. El contrato que firmaron en 2010 el FC Barcelona y la empresa Qatar Sports Investments ya contemplaba un cambio de tal naturaleza y el consejo directivo azulgrana se apresuró a contar con la autorización de la asamblea de compromisarios en 2011 para que se pudiera aplicar cuando fuera menester sin contravenir los estatutos del club.

Nadie tuvo nada que decir, ya fuera porque el asunto estaba cantado o porque venía en la letra pequeña de las propuestas del consejo y ningún socio se dio cuenta, como ya viene siendo costumbre. La actual junta siempre presumió de ser reglamentaria, de manera que el problema sería si acaso de la asamblea y no parece que haya conflicto, salvo que el candidato Agustí Benedito diga lo contrario. No hay oposición desde que Sandro Rosell dejó el gobierno en la sombra y accedió a la presidencia.

Joan Laporta acostumbra a viajar a Londres para visitar a sus hijos, Ferran Soriano se ha ido a Manchester con el City y es de sobra conocido que Pep Guardiola se ha tomado un año sabático en Nueva York. Los socios están muy contentos con el equipo y se les recuerda en cada asamblea que para mantener a Messi y que no les suban la cuota ni el abono no hay más remedio que manchar la zamarra azulgrana con petróleo. El negocio se impone también en el Barça, y Rosell sabe mucho de empresas y de dinero.

Asumida como irremediable la dependencia de Qatar, el reto azulgrana está en aprender a conjugar su singularidad en la globalidad, sin olvidar que el fútbol puede acabar siendo víctima de la misma burbuja que la construcción. La marca Barça ha conquistado el mundo a partir de un ideario y una cultura singular reflejada en la divisa més que un club. La máquina de recaudar euros no funcionaría sin la Masia ni un estilo de juego propio que gana títulos colectiva e individualmente por la celebridad de Messi.

Así que hay que andarse con cierto cuidado cuando se mercantiliza con los signos de identidad del Barça. No hace falta recurrir al cinismo para imponer la ley del mercado.La directiva azulgrana no puede vender ahora que el acuerdo con Qatar Airways le viene bien al club y al país después que en su día, en el momento de formalizar precisamente el acuerdo con Qatar Sports Investments, comparara la Qatar Foundation con UNICEF. El Barcelona ha ido perdiendo carga simbólica en cada contrato mercantil.

Ya se sabe que el negocio no tiene escrúpulos, y, menos aún, con las entidades que se sienten particulares, construidas desde la peculiaridad, reconocibles por sus valores y, hasta si se quiere, pasionales y románticamente cursis a ojos de los rivales. Justamente por su idiosincrasia se exige a sus rectores una especial sensibilidad e imaginación. La mayoría, sin embargo, claudican, ni que sea por necesidad, y a sus afiliados no les queda más remedio que aceptar la derrota, asentir sin más remedio, o claudicar y caer en la tristeza. La diferencia es que la derrota se cura con la victoria mientras que la tristeza no se combate ni poniendo los colores de la senyera en la segunda zamarra del Barça. Ya lo dice la canción: Tristeza não tem fim, felicidade sim.

Periodista deportivo

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