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El oro es para la capitana

Echemos la culpa a la lluvia. A esa lluvia persistente y molesta que suele azotar Santander y que hizo que Ruth Beitia no pudiera seguir patinando. Ella, que había decidido dejar el atletismo profesional tras rozar la gloria olímpica el pasado verano, que ya era una mujer de 33 años con un acta de diputado, decidió colgar los patines tras dos meses de ensayo cuando empezó a llover y como el gimnasio le aburría volvió a entrenarse. En lo suyo. Saltando el listón, cuanto más alto mejor. Hasta llegar a proclamarse ayer campeona de Europa bajo techo, un oro que suma a sus otras seis medallas a cubierto, dos de ellas en Mundiales, y al oro europeo al aire libre del año pasado, y que supone la cuarta medalla del equipo español en Gotemburgo, la primera de oro. El oro de la capitana.

También podemos echarle la culpa a Ramón Torralbo. Él es el hombre paciente agazapado toda la vida tras la campeona, desde los 11 años, antes de que se hiciera esa foto sonriendo con timidez al lado del mítico Javier Sotomayor, el cubano de los 2,43m. “Ramón es mi 50%”, dice ella después de la final. Es también el hombre que hace que Beitia interrumpa sus respuestas en inglés a un periodista para telefonearlo y, aún excitada por la victoria, contarle cómo ha sido este oro y darle las gracias entre grititos de felicidad.

Le diría que estuvo toda la competición tranquila, como el día anterior: “La sensación había sido increíble, de plenitud. Como si viviera dos competiciones. Una viendo a las demás y otra cuando me tocaba saltar a mí. Ese equilibrio que alcancé el año pasado se mantiene y es aún mejor”. Le contaría también que ni siquiera se había fijado en el resto de rivales que, en ausencia de las rusas, podían reducirse a cuatro: la belga Tia Hellebaut, amiga y coetánea; Alessia Trost, el prodigio italiano que ha saltado este año 2m; y el dúo sueco formado por la veterana Green y la joven Jungmark.

La primera en caer fue la belga, recién salida de una nueva maternidad, incapaz de superar el 1,92m, ella que ha sido capaz de saltar 2,05m, que fue campeona olímpica. Luego se frenó Trost en esa altura. A la campeona del mundo júnior pareció venirle grande el juego de las mayores.

Así que todo quedó en un mano a mano entre Beitia y las suecas, con la española saltando la primera y tumbándose en el suelo, la cabeza tapada con el chándal, entre salto y salto. Lo que no pudo evitar es escuchar al público enfebrecido con sus dos atletas ni la música que animaba sus saltos. “En la pista cubierta tienes el público muy encima y es una pasada”, sonreía luego Beitia. “Pensé que eso podía darles más fuerza para saltar ese 1,99m. Yo sabía que yo lo tenía dentro, pero…”

Ni Jungmark ni Green habían superado nunca 1,99m bajo techo. Tampoco lo hicieron ayer. Beitia necesitó dos intentos. Y fue a por más, a por el 2,02m que habría sido récord de España. Y también el broche perfecto, pero esto es un campeonato no un cuento con final feliz.

“La de Ruth es una historia muy bonita”, dice el seleccionador, Ramón Cid. “Tiene esa relación increíble con su entrenador, que es un tipo excelente”. También es una historia bonita porque habla de superación. De una chica que tenía todas las condiciones para ser una gran saltadora, que trabajó duro para pulir la técnica y aún más duro para disfrutar de la competición, de la presión de las rivales y del juego mental. Ya no se ven peluches sobre la pista. Lo que se ve es una saltadora seria parapetada tras unas aparatosas gafas de montura roja, de gestos automatizados —ese movimiento del hombro derecho, esos pasitos— antes de enfrentarse al listón. Ni la sucesión de errores de antes. Lo que se ve es una mujer resuelta a ir a por la victoria.

“Ruth es un gran referente para todos”, dijo Arturo Casado tras acabar quinto en el 1.500m y dar por cerrados dos años complicados. “Esto es una nueva selección, el balance ha sido muy positivo. El ambiente es buenísimo, mejor que otros años. Los resultados vienen también gracias a que somos un equipo unido. No tenemos los recursos que teníamos antes, pero que no haya tanto dinero de por medio tiene su lado bueno”. Escuchaba la capitana. La nueva campeona de Europa.

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