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Fútbol

El líder tranquilo

Casi desahuciado por los anteriores técnicos y tomado a chufla por buena parte de la prensa, Parejo habló un día con el nuevo entrenador del Valencia, Ernesto Valverde, y recibió un mensaje diferente: “No importa en qué posición juegues sino el hambre que tengas porque puedes jugar donde te dé la gana”. El resultado es un Parejo dominador en el juego e intenso en los entrenamientos, por primera vez a la altura en Mestalla de las expectativas levantadas en la cantera madridista, un futbolista recuperado por su entrenador, uno de tantos. Más allá de los resultados –el Valencia era 12º en la Liga, cuando él llegó y ahora es quinto-, Valverde le ha cambiado la cara a la mayoría de la plantilla, mucho más alegre y segura de sí misma.

¿Cómo lo ha hecho? A través de un liderazgo sereno, natural y directo, explican desde el vestuario. Ernesto Valverde (Viandar de Vera, Cáceres, 1964) les da soluciones a los jugadores, sobre todo en los cambios, casi siempre con sentido. Si entiende que alguien se escaquea en un entrenamiento (Feghouli, por ejemplo), no tarda en reconvenirlo. Las sesiones son breves e intensas. Y si otro no cree en el proyecto del club, le enseña la puerta de salida: Gago, cedido al Vélez Sarsfield. La firmeza y la seguridad en sí mismo no van acompañadas de gritos ni de una agresividad forzada. Cuanto más se metía la grada con Jonas, más lo ha arropado. El delantero brasileño ha respondido con tres goles en las dos últimas jornadas. Y le ha pedido al club por favor que renueve al entrenador, más allá de que él pueda marcharse en junio.

Tras la destitución de Mauricio Pellegrino, el pasado 1 de diciembre, la hinchada exigía una voz autoritaria para meter en vereda a una plantilla caprichosa e indolente. “No creo en la mano dura sino en una idea y Valverde la tiene”, advirtió el director deportivo, Braulio Vázquez. “Al final es un grupo de jóvenes que quieren ganar, disfrutar y ser un equipo”, coincidió Valverde el día de su presentación, el 3 de diciembre, contratado para seis meses. “El Valencia debe imponer su estilo y llevar la iniciativa en defensa y en ataque”, abundó el preparador.

En el mercado invernal, Valverde no reclamó refuerzos porque no quería sembrar desconfianza en el plantel. Tampoco quiere darse importancia. Preguntado por la cantidad de goles a favor en jugadas de estrategia, el técnico apeló a la casualidad y al acierto de los centradores y los rematadores de cabeza, ningún secreto de laboratorio. Las sustituciones y las decisiones tácticas las explica con sencillez.

Valverde no habla de los árbitros ni siquiera cuando, como en la ida de la Copa en el Bernabéu, la afición se sintió estafada. Combate el victimismo y no concede entrevistas. Solo habla en conferencia de prensa, como ya hacía en el Olympiacos, a fin de no crear trincheras entre la prensa. “Es un descubrimiento”, afirman en el club al referirse a sus dotes comunicativas. Dice lo que quiere decir. Es muy concreto. “Sus mensajes son cortos, pero de calado. Si a un jugador le dice que no, es que no”, indica un técnico.

Intuitivo para explorar la versatilidad de los futbolistas, el central Víctor Ruiz le funcionó de mediocentro, lo que le ha permitido regresar al centro de la zaga con una confianza renovada; y el lateral izquierdo Mathieu destacó de central frente al Levante pese al resbalón final que propició el empate de Barkero (2-2).

Valverde se resiste a renovar ante la incertidumbre institucional. Si no ha firmado todavía un suculento contrato es porque le preocupa mucho más el proyecto. Valora la independencia que le ha dado el club, pero al preguntarles al presidente, Manuel Llorente, y al director deportivo si iban a seguir el próximo curso, la respuesta es que no lo saben. La sociedad está en manos de la Generalitat después de pagar esta una deuda de la entidad con Bankia de 4,8 millones. El fútbol da tantas vueltas que, el sábado, al preguntarle si viajaría el martes a París, Valverde sonrió y dijo: “Si no me han echado antes, sí”. Ayer, al aterrizar en Charles de Gaulle, de París, volvió a sonreír: “Aquí estoy, no me han echado”.

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