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“De Río me traje un televisor a pilas”

"El 4 de junio cumplí 81 años y de salud estoy como un chaval". Antonio Puchades (Sueca, Valencia, 1925) mantiene frescos en la memoria los recuerdos de su época de mediocentro en el Valencia y en la selección española, con la que jugó 23 partidos y llegó a ser capitán. En Brasil 50 alcanzó su mayor éxito al ser nombrado el mejor volante izquierdo del torneo y conseguir con España su mejor clasificación mundialista, un cuarto puesto. Se retiró en 1958, dos años antes del debut en Primera de Luis Aragonés.

Pregunta. ¿Ve los partidos del Mundial?

Respuesta. Veo todos los de España, los demás no me interesan mucho. Contra Ucrania ganamos muy fácil y con un juego muy bonito.Veremos si la cosa sigue así.

P. En 1950 no había televisión.

R. El primer televisor que hubo en Sueca lo traje yo del extranjero, de Río de Janeiro. Funcionaba a pilas, no se enchufaba. Era bastante grandecito. Lo pusimos sobre un banquito y todos los vecinos se juntaban luego para ver los partidos, desde los niños a los más mayores. '¡Qué cosa tan rara! ¿Cómo puede ser eso?', decían. Entonces la gente se extrañaba mucho al ver el sonido y las imágenes. Hasta entonces los partidos se escuchaban en el paseo del pueblo, en medio de la calle, por la radio. Todos se enteraban de cuando jugaba yo.

P. Debutó usted con España un año antes del Mundial.

R. Entonces ya tenían la idea de cambiar el sistema por la WM. Hasta entonces se jugaba con dos defensas, tres medios y cinco delanteros. Se pasó a jugar con tres defensas.

P. El viaje en avión a Brasil duró 12 horas.

R. Los aviones no eran como ahora y sufrimos un montón de turbulencias, sobre todo en la vuelta. Teníamos miedo y prometimos que si llegábamos bien haríamos una misa a la Virgen de los Desamparados druante la semana siguiente. No falló ni uno.

P. El Mundial de 1950 se jugó con sólo 13 equipos.

R. Sí, era diferente porque no participaron tantos conjuntos como ahora. Hacía 12 años que no se disputaba por culpa de la Segunda Guerra Mundial.

P. ¿Qué recuerda?

R. Que hacía mucho calor. Yo perdía peso porque no comía bien, la temperatura era alta y lo vomitaba todo. En un partido podía perder hasta tres kilos, aunque a los dos días lo recuperaba. Sólo tres jugadores de España jugamos todos los partidos. Basora en el extremo, Zarra en la delantera y yo en la media. El entrenador dio oportunidad a los demás para que pudieran decir que habían estado en el Mundial.

P. ¿Cómo fue jugar contra Inglaterra en Maracaná?

R. ¡Es grandísimo, impresionante! Cabían 225.000 personas. ¿Usted cree que eso puede ser? Tengo fotografías del estadio en casa y es una barbaridad.

P. En ese partido le hizo un gran marcaje a Mortensen.

R. Dijeron que fue el mejor partido de mi vida porque anulé a jugadores muy famosos, como Mortensen, al que yo admiraba. Estos días he visto imágenes repetidas en la televisión, como el gol de Zarra.

P. ¿Se esperaba estar en el equipo ideal del Mundial?

R. Yo destacaba algo, pero para tanto no creo. Era un jugador muy fuerte, con mucho poder gracias a haber trabajado antes en el campo. Dicen que me parezco un poco a Albelda. Me gustaría que jugara con España porque somos muy amigos. También me gusta ese chiquito goleador, Villa.

P. ¿Qué opciones le da a España?

R. Luis parece un tipo bastante enterado y con bastante suerte. Creo que en el Mundial haremos un buen papel, ojalá mejor que el de 1950.

P. ¿Y el maracanazo?

R. Ese mismo día, 16 de julio, nosotros jugábamos en São Paulo contra Suecia [perdieron 3-1]. Cuando volvimos en el avión a Río, el equipo de Uruguay estaba encerrado en la caseta y había mucha gente con pistolas y fusiles que querían hacerse con ellos. La gente de Río no toleraba que les hubieran quitado el campeonato. Menos mal que había 100 o 200 policías que lo impidieron. Hubiera sido una hecatombe.

P. ¿Trabajó en el campo?

R. Sí, era de familia humilde, de labradores, como todos en el pueblo. Hacía vida de labrador y trabajé mucho con mi padre y mis hermanos. Todavía tengo algún campo de arroz. Gracias a eso debuté en el Valencia. Viajamos a Vigo y el entrenador me dijo que jugaría si el campo estaba mojado, porque estaba cansado de pisar barro en la huerta. Me pasé la noche esperando que lloviera.

P. ¿Y sus padres?

R. Querían que fuera al campo a trabajar y no a jugar, así que mi hermana me tiraba el equipaje por la ventana. Yo no hacía más que romper las zapatillas que me compraban. Era una ruina para casa.

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