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Fútbol

Cristiano, el líder independiente

El 12 de febrero de 2012, Cristiano Ronaldo le prometió al preparador físico del Madrid, su amigo Rui Faria, que si le marcaba un hat trick al Levante se lo dedicaría a él. En el minuto 57, después de empezar perdiendo, Cristiano anotó el 3-1. Excitado por la emoción, se volvió hacia el banquillo y echó un sprint de 50 metros para encontrarse con su amigo. Cristiano abrió los brazos. Faria abrió los brazos. El encuentro era inminente. Pero calculando los tiempos con precisión, el mánager, José Mourinho, se cruzó en la trayectoria en el momento justo. A Cristiano no le quedó más remedio que agarrar a Mourinho, que lo abrazó fervoroso, mientras miraba a Faria, que se reía de la ocurrencia del jefe.

Hace un año Mourinho sabía perfectamente que su jugador más importante era Cristiano: en el campo y en los medios de comunicación convenía tenerlo cerca. Hoy las cosas han cambiado. El portugués nunca fue tan necesario para el Madrid como en estos días. Sus 39 goles en todas las competiciones desde agosto contrastan con el declive anotador de Higuaín y Benzema, dos puntales en la conquista de la última Liga. Pero eso no es todo. Cristiano, además del goleador, es un líder afianzado. Una referencia moral para la plantilla que el martes visita Old Trafford.

Si en la historia centenaria del fútbol hubo un maestro en el arte de capitalizar la gloria, ese fue Mourinho. Bien informado por Faria, el mánager siempre supo de los entresijos de la celebración del hat trick al Levante. La foto del abrazo dio la vuelta al mundo como representación de la unión de la estrella con el entrenador. Pero lo cierto es que, desde que coincidieron en el verano de 2010, Cristiano y Mourinho apenas mantienen conversaciones profesionales. Son muy pocas porque Mourinho prefiere trasladarle los mensajes a través de Rui Faria, una de cuyas misiones consiste en trabar amistad con Cristiano para ejercer de intermediario.

Mourinho se siente incómodo tratando personalmente con Cristiano. El jugador siempre le ha hecho sentir que era mucho más importante que él. Sin discusión. Hombre nítido, de carácter abierto, honesto hasta rozar la ingenuidad, Cristiano ha reñido con compañeros a los que ha abrazado al día siguiente, ha ofrecido una conferencia de prensa para anunciar que estaba “triste”, o ha denunciado que la afición del Dinamo de Zagreb le odiaba por ser “rico” y “guapo”. Dice lo que piensa y, con 28 años recién cumplidos, está convencido de que no hay en el mundo un futbolista más completo ni más necesario que él. Armado de esta certeza interior se ha sentido independiente. Libre para darle esquinazo al presidente Florentino Pérez, con quien no ha querido ni sentarse a escuchar una oferta de renovación, y libre para marcarle la raya a Mourinho cada vez que lo ha creído necesario. Como el 15 de enero pasado, cuando se sintió manipulado por el mánager en contra de Casillas, en pleno conflicto por la suplencia del capitán: se abalanzó sobre el técnico y sus compañeros aseguran que si no se interponen Arbeloa y Khedira el incidente habría acabado en pelea.

La plantilla del Madrid es un crisol de gente haciendo equilibrio entre intereses. Unos están abanderados alrededor del presidente, otros se deben a Mourinho, y otros, como Casillas o Ramos, permanecen condicionados por sus deberes representativos, inherentes a su condición de capitanes. Solo Cristiano se aproxima a la autonomía total haciendo y diciendo lo que íntimamente cree. Si acaso es permeable a los consejos que le da Jorge Mendes, su agente e íntimo amigo.

No solo los goles han hecho de Cristiano un jugador importante. La independencia le ha convertido en un líder con autoridad.

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