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“Apuntaron a nuestro portero con un arma en el vestuario”

Amenazas con armas de fuego, palos y golpes. Tigre dijo el jueves haber vivido un infierno en Brasil, durante el entretiempo de la final de la Copa Sudamericana que concluyó con Sao Paulo campeón ya que el equipo argentino decidió no salir a jugar la segunda etapa.

El escándalo denunciado por los argentinos ocurrió en el partido de vuelta por la final de la Copa Sudamericana en Sao Paulo, seis meses antes de que Brasil organice la Copa Confederaciones y a un año y medio de albergar la Copa Mundial.

Según los argentinos, en ese episodio estuvo involucrado personal de seguridad brasileña en la noche del miércoles en los vestuarios del estadio Morumbí, tras un primer tiempo en el que Sao Paulo vencía 2-0. El partido de ida la semana pasada en Buenos Aires terminó 0-0.

El árbitro chileno Enrique Osses esperó más de media hora después del tiempo reglamentario para iniciar el complemento, pero dio por terminado el encuentro ante la negativa de Tigre de salir del vestuario.

El capitán de Tigre, Martín Galmarini, dijo a su llegada a Buenos Aires que “fue un infierno” y que “todo podía haber terminado muchísimo peor”.

“Fue algo lamentable, triste, una pena; lo que podía haber sido algo catastrófico terminó decorosamente”, destacó el centrocampista. “Fue un episodio dramático, caótico, todo fue un infierno. Parece de película, pero fue real”.

Galmarini dijo que “me han pegado con un palo y me lastimaron el brazo”, que lucía con una herida suturada con puntos, según se vio en la televisión, que además mostró rastros de sangre en el vestuario de Tigre.

El jugador destacó que el calvario que dijo haber vivido su equipo se inició cuando el plantel se dirigía al estadio.

“Nos rompieron todos los vidrios del micro; nos tiraron piedras y botellas de cerveza y una vez en la cancha personal de seguridad nos impidió hacer el precalentamiento”, señaló.

El arquero Damián Albil dijo que “me dieron un culatazo en el pecho”. Para que no quepan dudas de su palabra, Albil se abrió la camisa y mostró un hematoma en esa zona, supuestamente producto de ese golpe con un revólver.

“Peleamos con quince tipos entrenados para golpearnos y después nos apuntaron a todos”, denunció el arquero. “No hay duda que fue una emboscada”.

El técnico Néstor Gorosito recordó que el personal de seguridad supuestamente sacó “dos armas de fuego” y que “no hubo una tragedia de milagro”.

Gorosito dijo que decidió no salir a jugar el segundo tiempo “porque no podía arriesgare a mis jugadores a que les ocurra algo peor. (El jugador Rubén) Botta, por ejemplo, tenía un ojo cerrado por un golpe”.

Según la estimación de “Pipo” Gorosito, “por lo menos seis o siete jugadores” resultaron con lesiones varias, entre ellos Galmarini, Albil y Botta, además de mencionar a los jugadores Lucas Orban y Matías Escobar.

El ayudante de Gorosito, Jorge Borelli, terminó con un visible corte en el pómulo, según una foto publicada el jueves en el deportivo Olé.

“No hubo un muerto de casualidad”, dijo Borelli.

Durante el primer tiempo no hubo acciones entre los jugadores que hiciesen presagiar ese desenlace, salvo roces, piernas fuertes y empujones, algo que es usual en choque decisivo.

Fue un final con escasos antecedentes parecidos en torneos del fútbol sudamericano, ya que generalmente los escándalos ocurren entre los futbolistas o bien de fanáticos atacando a jugadores.

The Associated Press llamó a la dirigencia de Tigre pero no hubo comentarios. De inmediato no había comentarios de la Conmebol o las autoridades de Sao Paulo.

El intendente (alcalde) de la ciudad de Tigre y “hombre fuerte” de ese club, Sergio Massa, destacó que algunos dirigentes de la Conmebol “se lavaron las manos en Brasil y actuaron como si fuesen empleados del Sao Paulo”.

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